martes, 29 de mayo de 2012

TEXTOS PARA EL ALMA


ÁRBOL

Soy otoño. Soy muerte. Soy resurrección.
Ciclos espirales que atravieso expandiéndome y contrayéndome.
Si algo muere en mí es para que algo nuevo nazca.

¿Quién dijo que hay que fallecer para volver a empezar?
¿Qué viene después? ¿Qué puedo yo suponer desde este presente?

El “deber hacer” es una deuda escondida. Que marca el pulso muerto de la vida.
Todo lo que se estanca se pudre. Todo lo que se pudre contamina. Todo lo que contamina mata en vida.

Mejor dejar morir. Soltar. Desalojar. Aquello que quiere morir en nosotros.

Los árboles dejan morir su piel de hojas. Las despiden. Las dejan volar. Las dejan volver. A ser raíz. A ser suelo. A ser de nuevo.
Desprendo hojas en mi soledad.

Soy árbol. Soy conexión. Soy sagrado.
Suelto. Amo.
Dejo al viento correr en mí.
Dejo a los pájaros posarse, anidar y volver a volar.
Dejo a esas hojas que un día me abrigaron, caerse y desnudarme nuevamente.

Soltar. Saltar. Volver a empezar.
Despejo. Mi corazón.
Despejo. Mi mente.
Despejo. Mis intenciones.
Despejo. Mis memorias.
Despejo. Mis mapas.
Despejo. Mi vida.

Me voy. Me marcho. De lo que ya pasó.
Me anclo. Me abrazo. Siempre en lo que ES.
Me quedo. Cerca. Disponible. Para mí. Para quien me busque. Como un árbol.

                                                                                                                              Raphaello Crouzeilles